A mi me encantaba que mi papá me hablara de arquitectura cuando era niña. Con inmensa alegría recuerdo momentos en se acercaba y me decía casi en secreto: “Mira, hija: contempla el milagro de la luz”, pues  se ponía el sol y sus rayos anaranjados bañaban los edificios que formaban parte del paisaje, o entraba por una ventana e iluminaba algo de una manera totalmente especial. Fui con él a muchos viajes que organizaba con sus alumnos de la UNAM y escuchaba atenta las explicaciones. Cuando venían extranjeros, era obligada una visita a Teotihuacan, con las incógnitas de siempre: ¿Qué pasó aquí? ¿Por qué está en ruinas? ¿Cómo era cuando la gente vivía en esta ciudad?..., y la narración de la leyenda de la creación del Sol y de la Luna… Y luego el paso por Acolman, con sus propias preguntas… No veía por qué a otros niños no habría de interesarles, y así es.

Ya lo había probado con mi hijo y mis sobrinos; con amiguitos suyos y hasta con algunos incautos que cayeron en un pequeño taller de arte para niños que probé. Pero nunca lo había experimentado con un grupo grande de niños desconocidos. El martes 9 de octubre vinieron a visitar la exposición 38 de tercero de primaria de una escuela pública de Tlatelolco, con su profesora y una representante de la SEP del Distrito Federal. A las 10 de la mañana en punto entré al magnífico patio del Palacio de Minería y me estaban esperando sentaditos en los escalones que preceden la gran escalinata. Saludo, presentaciones y preguntas:
¿Quién me dice un lugar que le guste mucho y por qué? Manos levantadas, respuestas entusiastas, todas listando ciudades del interior de la República, entre las que Guanajuato fue dos veces nombrada, pero generalmente asociando su gusto al sitio por razones de afiliación: es que de ahí es mi tía, ahí viven mis primos o nació mi mamá… Unos cuantos reportaron que su admiración venía de que eran lugares grandes y otros más porque había barcos y playas, como en Veracruz y Acapulco. Luego pregunté:

-¿Y este edificio no les gusta?

-Síiiiii, contestaron a coro muy contentos.

-¿Y porqué nadie lo nombró?

-Porque no sabemos cómo se llama…

Con esto empezó el relato de la historia de la minería en México y el por qué de la construcción del Palacio, que miraban con asombro y fascinación, para introducir el tema de la arquitectura en que la vida pasa y después nos fuimos a las salas de la exposición. Ahí, entre preguntas y respuestas les fui platicando de la prehistoria y de cómo se empezaron a fundar ciudades; luego de Mesoamérica y de la relación mágica que nuestras culturas tenían con la naturaleza en la que se asentaban. Señalaba una pintura y otra, y trataba de relacionarlas con algo que les pareciera asombroso: la explosión del Xitle que cubrió Cuicuilco se llevó el premio al asombro, aún sobre la descripción de la inmensidad de la pirámide del Sol, la orientación de la Calzada de los Muertos apuntando al norte, y la Pirámide y plaza de la Luna.

Saltamos a Europa, cuando nos mudamos a la Sala de México Virreinal, y les conté de cómo fue que vinieron los españoles a México. Hablamos de las guerras, las alianzas, las intrigas y las traiciones; de las buenas y las malas intenciones, y después de la arquitectura que se construyó, muy distinta a la que ya habíamos visto en la sala anterior, mucha de ella también con tintes religiosos, y a la par de magnífica. Reportaron después que les llamaron especialmente la atención las acuarelas de la antigua hacienda azucarera de Vista Hermosa, pero no porque se tratara de una fábrica inmensa, ni por que hubiera estado involucrado Cortés en su construcción, sino “porque tenían flores y árboles muy bonitos”… Se pusieron muy contentos cuando pudieron aportar sus conocimientos sobre los héroes de la Independencia, para entrar al tema de la arquitectura del México Independiente y Moderno. Estaban muy asombrados de que antes no hubiera computadoras en los edificios de oficinas, que además nunca eran de más de cuatro pisos porque no había elevadores; pero el hit fue que se construyó la Iglesia de la Santa Cruz sobre la lava del mismo pedregal que cubría Cuicuilco…

En “Rincones, Detalles, Vistas y Calles” los invité a que siempre que anduvieran caminando por ahí, se fijaran bien si había algo que les gustara lo suficiente para sentarse a dibujarlo… Les dimos lápices, unas hojas blancas en unas tablas y tiempo, para que analizaran los cuadros, escogieran uno favorito, y explicaran por qué es gustaba especialmente. Así es como supimos lo que antes he narrado, pero lo interesante es que muchos se soltaron dibujando más allá de reportar… y, para nuestra buena fortuna, tanto las maestras como las autoridades del recinto, se veían muy contentas de la participación y aprendizaje de los niños en la actividad.

Terminamos el ejercicio con una reflexión sobre el valor de nuestra arquitectura y estrategias para cuidarla. De ellos mismos salió “no dejar que otros la pinten feo y la ensucien”… Interesante, pienso yo… Se los llevaron a dar un paseo por el magnífico Palacio y luego de regreso al camión. Me encantaría saber qué platicaron después… y si esto va a tener algún significado para ellos en el futuro.

Por lo pronto, agradezco a la SEP que gestionó la actividad con la escuela y con la Coordinación de la sede de la División de Educación Continua de la Facultad de Ingeniería de la UNAM, a la Delegación Miguel Hidalgo que nos facilitó los camiones para traer a los niños, a todo el equipo Magenta y a CONACULTA por el apoyo para la materialización de esta parte del sueño… que esperamos, continúe.

Luzma.doc

Añadir nuevo comentario

Calendario

D L M M J V S
 
1
 
2
 
3
 
4
 
5
 
6
 
7
 
8
 
9
 
10
 
11
 
12
 
13
 
14
 
15
 
16
 
17
 
18
 
19
 
20
 
21
 
22
 
23
 
24
 
25
 
26
 
27
 
28
 
29
 
30
 
 
 
 
 

Redes Sociales