En estas fechas hace 22 años ya me estaba preparando para salir. Aunque había tocado muuuuchas puertas buscando un patrocinador, no lo había encontrado. Pero para mi sorpresa, tuve un éxito inesperado en mi primera exposición particular de la BITÁCORA PICTÓRICA 1990 en la Casa Pedro Domecq en Coyoacán, y junté suficiente para iniciar mi proyecto, que todavía  ni siquiera tenía nombre. Apenas era un listado de monumentos de México, organizados en ejemplos notables y representativos de los periodos Prehispánico, Virreinal e Independiente y Moderno, con su ubicación geográfica, que había realizado con la ayuda de mi gran Maestro de Historia de la Arquitectura Virreinal, Ricardo Arancón García. Mi plan, le había propuesto yo, era realizar una colección de obras para invitar a México a conocer, disfrutar y valorar nuestro patrimonio arquitectónico, como yo lo había hecho en Europa, viajando y pintando; dos actividades que, les he contado, amo hacer. Iba a acompañar cada pintura con un pequeño texto que atrajera a quien la viera a querer aprender más sobre la obra, y ya que cada quién se pusiera a estudiar… Sabía que tenía enfrente muchas horas de camión y otras tantas de investigación, análisis y síntesis en diversas fuentes de información. Iba a trabajar haciendo fichas en mis viajes, mientras no pintara; él se comprometió conmigo a revisarlas y corregir datos inexactos que pudiera yo, con mi inexperiencia, registrar.
 

Se lo había compartido también a mi profesora de Literatura, la famosa (en mi escuela…) “Señora Santos”, Irma Sobrino, porque al no haber encontrado quién se hiciera cargo de las entradas de sala, porque así pensaba yo que se expusieran, me disponía a hacerlas yo, pero seguro iba a necesitar correcciones en la redacción. Además quería acompañar cada obra con la cita de algún literato de habla hispana o prehispánico pero traducido, que me evocara alguna relación literatura-arquitectura-pintura: amo leer y también me encanta la poesía. Ella me dio una lista de posibilidades que recorrería con singular alegría.
 
Y bueno, no podía dejar de involucrar a mi profesor de acuarela, el Arq. René Capdevielle Licastro, duro y exigente como ninguno otro que he tenido, pero amoroso de las manchas y los colores, y por encima de todo una magnífica persona; bien intencionado. Con él trataría el tema de control de calidad de la obra. Regresando de mis viajes sometería cada obra a su rudo juicio; quería seguir aprendiendo.
 
Gordon Viberg, amigo de mi papá, cuando le platiqué, me sugirió que hiciera un libro con todo el trabajo, y como yo nunca había hecho uno, pero era buena idea, el Destino me acercó a Rafael López Castro, gran diseñador editorial, a quien supongo que le parecí una curiosidad y se mostró dispuesto a darme apoyo y seguimiento, a veces sospecho que para hacer conmigo algún tipo de estudio antropológico cuyo resultado aún no conozco.
 
-Vas a necesitar hacer una base de datos, para que no se te desborde la información y relaciones todos estos elementos desde el origen. Ahora eso se puede – me ofreció otro gran maestro de vida, que fue mi hermano Germán, en tiempos en que las computadoras iniciaban y las impresoras eran de matriz de puntos. – Además, va a ser necesario que fotografíes las obras, para que tengas registro de todo lo que haces. - No existían los scanners.
 
Este es el origen de ARQUITECTURA DE MÉXICO, HISTORIA EN ACUARELAS (AMHA), la colección de pinturas que mañana, 17 de mayo, se abrirá para ser conocida por el público casi en su totalidad en originales, salvo 5 que están en formato fotográfico porque vendí las obras en Hong Kong -pero esa es otra historia- y 6 que no nos dio tiempo de conseguir para también mostrarlas, vendidas en México por razones de superviviencia. Esto sucederá en el Museo Universitario de Ciencias y Artes de la UNAM, por invitación de la Facultad de Arquitectura, mi Alma mater, a las 17:00 horas, donde presentaremos también las conclusiones del Encuentro (AMHA EMII), que recientemente llevó de gira a 40 de ellas por 5 estados de la República, con el apoyo y participación de un grupo de personas extraordinarias, de instituciones diversas coordinadas por un equipo de trabajo verdaderamente increíble que Fortuna puso a disposición de Magenta Sin Tiempo A.C. y el patrocinio de CONACULTA.
 
Acompañaremos estas actividades el día siguiente con un recorrido por el Centro Histórico para conocer en vivo algunas de las obras representadas en las pinturas y después un taller de arte. Todo esto estará dedicado a todos los maestros que, con su generosidad en compartir conocimiento y ayudar a desarrollar habilidades, actitudes y valores, hicieron posible no sólo que yo pudiera hacer la colección de pinturas y todo lo que las acompaña, sino que contribuyeron a que todos los que participamos en el Encuentro pudiéramos hacerlo. ¡Feliz día del Maestro y gracias!
 
Así lo que comenzó por ser un sueño, se va concretando… ¡Hay mucho qué hacer! Los invitamos a sumarse: los esperamos para compartir…
 
¨La pintura tiene un pie en la arquitectura y otro en el sueño", dijo Octavio Paz, y yo lo creo...
 
Inscripciones y más informes en nuestra página www.magentasintiempo.mx
 

 

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